La violenta banda mixta que ambicionaba ser una poderosa organización narco, fue el primer gran desafío del ECIF  

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Una huella, una tonada o características físicas. Para los pesquisas del Ministerio Público Fiscal son mucho más que detalles. Cada caso aporta algo en particular a una investigación compleja, que permite conocer qué tan hábiles son los delincuentes a los que se enfrentan y cómo está compuesta esa organización criminal. Esos fueron algunos de los desafíos a los que se enfrentó el ECIF (Equipo Científico de Investigaciones Fiscales) del MPF en la pesquisa que permitió desarticular una banda mixta integrada por delincuentes y policías, a partir de 48 allanamientos simultáneos realizados en la madrugada del miércoles en la capital y algunas zonas aledañas.
Otro dato: se trató del primer caso en el que tomó intervención el ECIF. La denominada “policía judicial” tuvo la ardua tarea de analizar las más de 20 causas registradas entre julio de 2018 y el mismo mes de 2019. La recopilación de esos datos llevó meses de investigación. Precisamente, las investigaciones complejas llevan su tiempo, en este caso dos años. Eso sucede porque cuando los grupos delictivos están organizados, es más difícil obtener información rápidamente., lo que implica que la tarea investigativa sea mayor y en consecuencia se deban invertir muchas horas de recursos humanos y tecnológicos.
Banda mixta
La investigación comenzó en octubre de 2018. El ECIF intervino por disposición del Fiscal en Robos y Hurtos I, Diego López Ávila, a raíz de una serie de robos a mano armada y en banda. A partir de ahí, se empezó a investigar a un grupo criminal que irrumpía en los domicilios en forma violenta y para ingresar causaban roturas de puertas, mientras a viva voz gritaban que eran policías y que se trataba de un allanamiento, cuando en realidad la finalidad era otra. Al llevar a cabo los atracos, los asaltantes vestían uniformes y otros atributos policiales.
Mediante el análisis de los casos, los investigadores del MPF detectaron una serie de hechos con el mismo modus operandi. En ese punto, la informática forense y de las redes sociales fueron claves para determinar patrones comunes en los más de 20 casos analizados. Así pudieron establecer coincidencias en los diferentes hechos que respecto a una misma conducta verbal y acción policial y al uso de uniformes y de medios de comunicación policial. Eso los hizo sospechar que no sólo había delincuentes comunes en la organización, sino una banda mixta. Esa hipótesis la fueron confirmando con el tiempo.
El líder
Los pesquisas destacan que como resultado de las tareas desplegadas se logró atrapar al líder de la banda, a los cabecillas y a otros partícipes secundarios. Sobre el jefe de la banda, se pudo establecer que no se trataba de un delincuente común, sino que por el contrario, tenía una gran experiencia y que planificaba cada pasado de una forma diferente a la usual.
Los roles
Observación en la calle para conocer los lugares, discriminación de datos y entrevistas encubiertas, fueron algunas de las técnicas de investigación llevadas adelante por el ECIF y que facilitaron la obtención de información muy valiosa. Así se logró determinar que era una organización con roles bien distribuidos.
Recursos del MPF
Parte de la acusación surgió de datos obtenidos desde las bases de datos de diferentes organizaciones y oficinas gubernamentales, a partir de los convenios articulados por el ministro fiscal Edmundo Jiménez. Por ejemplo, con el Registro Civil o la Dirección Nacional de Propiedad Automotor. De esa manera se determinó el árbol genealógico de algunos de los sospechosos o la situación de algunos vehículos usados por la banda para cometer los ilícitos.
También tuvieron un rol protagónico las herramientas forenses que adquirió el MPF. Con ellas se pudo clasificar y sintetizar la información criminal, por ejemplo de triangulación de datos numéricos o ubicación de lugares para volcarlos en la investigación. De ese modo surgieron los primeros nombres.
Ambiciones
A la identificación individual se siguió la tarea de establecer los roles en la organización y el fin de la misma. Para los pesquisas, dentro de los pensamientos del líder de la banda siempre estuvo la vinculación con la droga. En el marco de la instrucción se estableció que el jefe ambicionaba seguir creciendo y obtener cada vez más poder a través de las sustancias ilegales, a pesar de los riesgos. Tenían pretensiones narco más que de simples ladrones.
No sólo crecían económicamente, sino sumando cada vez más aliados para tener contactos de crecimiento económico, humano, logístico y territorial. Por eso se habían expandido en el Gran San Miguel y zonas aledañas.
El dinero
Luego, comenzaron a pensar cómo blanquear su capital. Una línea investigativa da cuenta de que tenían como objetivo el desarrollo de diferentes emprendimientos comerciales (empresas de transporte, panificaciones, cadena de kioscos). En ese sentido, llegaron a incorporar al grupo vehículos pesados (dos camiones). Además, tenían experiencia en piratería del asfalto y tráfico de drogas, lo que les permitió conocer cómo moverse sin ser detectados
Los golpes
Una de las principales necesidades que tenía el líder era contar con personas idóneas para ejecutar los robos. Cuando contó con los informantes y los encargados de constatar los lugares que serían asaltados, decidió incorporan a miembros de las fuerzas de seguridad. También contaban con lugares para acopiar el botín obtenido hasta su comercialización. Para recolectar toda esa información, los expertos del ECIF dividieron sus equipos en las diferentes jurisdicciones donde actuaba la banda, logrando cerrar así el círculo que permitió desarticular una organización criminal en pleno ascenso en Tucumán, que contaba con contactos en otras provincias y que aspiraba a ser una poderosa organización narco.

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