Una pasión que transforma: cómo Martina pasó del diagnóstico de TGD al reconocimiento nacional

A los tres años, a Martina Aylin Arias le diagnosticaron TGD (Trastorno General del Desarrollo no especificado), una condición dentro del espectro autista. En aquel momento, los pronósticos fueron duros: los médicos aseguraban que su futuro sería limitado y que lo máximo a lo que podría aspirar era a desempeñar tareas del hogar. Sin embargo, el tiempo, el acompañamiento y el esfuerzo personal transformaron esa predicción en una historia de superación que hoy se escribe con deporte, disciplina y logros.

Con apenas 13 años, Martina entrena desde los 12 en Juan Bautista Alberdi y hoy integra la Selección Tucumana Sub 14 de Vóley. Forma parte del club CINDELA de Aguilares, donde entrena tres veces por semana con el profesor Luis Alarcón, y complementa su rutina con prácticas en su ciudad natal los martes y jueves, guiada por Lucas Argañaraz y Edgardo Pereyra. A eso se suma su asistencia al gimnasio dos veces por semana, sesiones de carrera y trabajos físicos adicionales.

“No voy a poder cambiar el diagnóstico, pero sí puedo dar vuelta un pronóstico de vida”

En diálogo con Noticias del Interior, la madre de Martina, Andrea Alicia Mansilla, compartió la experiencia de convivir con una condición que, aunque permanente, no define ni limita el futuro de su hija.

“Hoy en día puedo decir que podemos vivir a pleno, como cualquier otro chico. Pero hemos pasado por distintas situaciones, por muchas emociones. Todo el mundo habla de inclusión, pero la sociedad no está preparada. Como mamá te puedo decir que se pasa por todos los estados emocionales, pero también que se puede llegar a la superación. Se ha podido con Martina, yo lo he podido lograr”, expresó Andrea con la voz firme de quien conoce el camino recorrido.

La madre también remarcó el valor de transformar la adversidad en energía positiva:

“No voy a poder cambiar el diagnóstico, pero sí puedo dar vuelta un pronóstico de vida. Martina ha superado mucho y llegó a estar en el seleccionado tucumano de vóley. Es algo muy importante: fuimos al Sub14 argentino en Bariloche y la Federación Argentina de Vóley la reconoció dándole un premio por su proceso”.

Según explica, lo que tiene Martina “engloba más de un diagnóstico”, y su condición se ubica dentro del espectro autista, como una forma de vida. Asegura que el deporte fue clave:

Yo he podido reemplazar la medicación por el cansancio físico. A las mamás les digo que apoyen el deporte y el arte, porque con eso se logra muchísimo. Pero también es fundamental el acompañamiento constante y las terapias. Nunca hay que dejar las terapias”.

El deporte como canal de integración y libertad

Martina, de pocas palabras frente a la cámara pero con mirada decidida, contó lo que significa para ella formar parte del seleccionado tucumano:

“Es algo muy lindo. Una experiencia que no me voy a olvidar nunca. Estar en Bariloche fue un sueño. Si nos esforzamos, podemos llegar al seleccionado nacional”.

Sobre su entrenamiento, detalló que hace físico en el gimnasio martes y jueves, que también sale a correr y trabaja mucho la técnica. Además, entrena vóley cinco veces por semana y mantiene una rutina exigente pero elegida:

“Ahora entreno martes y jueves en Alberdi, y los otros días en CINDELA, en Aguilares”.

La mirada de los entrenadores: “Ella se adapta, progresa, y contagia”

Edgardo Pereyra, uno de los entrenadores que la guía en Alberdi, explicó que trabajar con Martina fue un aprendizaje para todo el equipo:

“Fue un desafío. Aprendimos tanto Martina como nosotros. Le dimos libertad con los cuidados necesarios para que pueda jugar con las chicas y se adaptó muy bien. No por ser diferente la excluimos. Al contrario, hay que incluir a los chicos para que tengan herramientas para distraerse, para adaptarse a la sociedad”.

Y agrega una reflexión importante:

“Cuando están encerrados, no quieren interactuar, se deprimen, y eso depende también de la gravedad del autismo. Martina, en cambio, al venir al complejo, se abrió al mundo. Empezó a progresar, fue convocada por CINDELA, viajó a Bariloche y recibió una mención por su evolución. Las herramientas que se le dieron, las supo usar”.

Por su parte, Lucas Argañaraz, quien también entrena a la joven en Alberdi, destacó:

“Martina se adaptó muy bien a los chicos y se puede destacar en el ejercicio del vóley. Tiene una gran capacidad de incorporación y compromiso”.

Un mensaje que trasciende: “Ellos son apasionados, hay que apoyarlos”

Para Andrea, el testimonio público de su hija no es solo una historia personal, sino una oportunidad para transmitir un mensaje a otras familias:

“Es muy importante que se dé a conocer, no solo nuestro caso, sino para entregar un mensaje a todas las familias: se puede salir adelante. Hay que encontrar la pasión en los chicos con autismo. Ellos son apasionados. Lo que muchas veces se ve como un problema puede ser una herramienta. El trabajo en equipo, el contacto físico, la sociabilización que da el deporte, ayudan muchísimo. Hay que apoyar el deporte, no solo para salir de esta problemática, sino también de muchas otras”.

Martina hoy entrena, juega, sonríe, y sueña. Y lo hace con el respaldo de su familia, sus profesores y una sociedad que empieza a entender que la inclusión no se trata solo de discursos, sino de hechos concretos.