No era Rocío Agustina: el pedido de respeto que Agustín dejó en vida

Tras su fallecimiento, la historia de Agustín Alexi —una persona trans que creció en instituciones del sur tucumano— volvió a resonar con fuerza. Un vivo realizado por Noticias del Interior con la participación de familiares, y testimonios recabados luego por este medio, permiten reconstruir un relato silenciado por años: una vida marcada por la identidad, el abandono y la necesidad de ser escuchado.

Infancia sin madre y con heridas tempranas

Agustín perdió a su madre biológica a muy corta edad. Fue entonces que quedó al cuidado de un familiar con movilidad reducida y su pareja. Aunque convivía con otros niños del entorno, los relatos que llegaron a este medio describen un ambiente duro, con vínculos afectivos debilitados, abusos y situaciones de violencia.

Una persona que compartió varios años con él en el sistema institucional relató: “Agustín hablaba de maltratos físicos, y de situaciones de abuso por parte de personas cercanas. Era algo que le costaba mucho contar. Vivía con eso adentro”.

Según testimonios anónimos obtenidos por este medio, quien lo crió —el hombre en silla de ruedas que habló en el vivo— habría sido también uno de sus agresores. Cuando Agustín comenzó a hablar de los abusos sufridos, se generó un fuerte malestar en su entorno. «Cuando habló de los abusos, su familia se enojó», dijo una fuente cercana que pidió no ser identificada.

Denuncias dudosas y desarraigo institucional

Agustín y sus hermanas fueron separados de su entorno familiar luego de que se formularan denuncias contra su abuela materna por presunta explotación. Sin embargo, quienes compartieron parte de su vida sostienen que esas acusaciones fueron injustas. “La abuela no los maltrataba. Ella los criaba con cariño. Esa denuncia vino de afuera, por presión de personas que querían quitárselos”, afirma una excompañera.

La Fundación María de los Ángeles fue la que presentó la denuncia por un presunto caso de trata que involucraba a la abuela de Agustín. Años después, desde la misma fundación confirmaron a Noticias del Interior que la causa fue archivada, ya que la Justicia no halló pruebas y todas las jóvenes testificaron que la abuela nunca las obligó ni promovió ninguna explotación.

Desde ese momento, los hermanos fueron institucionalizados. Agustín pasaría por distintas instituciones del sur tucumano a lo largo de su vida.

El nacimiento de Agustín Alexi

En un contexto de encierro y dolor, Agustín tomó una decisión crucial: comenzar su transición y asumir su identidad de género. Fue un paso que marcó su historia, su vínculo con el entorno y su lucha por el reconocimiento.

“Un día nos dijo que quería llamarse Agustín Alexi. Y desde entonces, para nosotras, fue Agustín. Nadie le impuso nada. Lo eligió con convicción”, recuerda una compañera de hogar.

Durante el vivo, varios familiares lo siguieron nombrando por su nombre legal de nacimiento. Ese acto, para quienes compartieron el día a día con él, fue una negación dolorosa de su identidad.

Salud mental, medicación y abandono afectivo

Agustín fue trasladado en reiteradas ocasiones entre distintos hogares. En una de esas etapas, su salud mental comenzó a deteriorarse y recibió medicación como parte de un tratamiento profesional, según indicaron desde el entorno institucional.

No era violento. Estaba triste, apagado. Lo que lo apagó fue la soledad. Lo que le faltaba era amor, no pastillas”, relató una persona que pidió mantener el anonimato.

Aseguran que solo en una ocasión fue visitado por un pariente y que el resto del tiempo estuvo completamente solo.

Esa falta de visitas, de abrazos, lo fue destruyendo poco a poco. Él lo sentía. Lo decía”, cuentan.

Otra fuente anónima, que también convivió con él, aportó un testimonio fuerte sobre la experiencia con la medicación en los hogares:

“Me da muchísima bronca e impotencia que tengamos que recibir tanto maltrato psicológico y tanta manipulación por parte de los profesionales. Es normal tener crisis en un lugar donde no fuiste criada, pero ahí nos daban pastillas por cualquier mínima cosa. Una vez medicado, ya no tenés vida. Eso le pasaba a Agustín.”

“Una vez tuvimos un encuentro y me dijo que ya estaba absolutamente cansado de no poder ver la vida como las otras chicas. Con medicación, no tenés conciencia de nada. Nos dejaban muertas en vida.”

“Siempre, a toda hora, Agustín se cortaba los brazos. Nunca se dejaba sanar. Al igual que yo. Teníamos los mismos problemas.”

Hermanas, separación y duelo en silencio

Agustín tenía varias hermanas biológicas. Dos ya no están institucionalizadas y viven juntas, una de ellas con su pareja e hijo. La menor aún reside en una institución del sur provincial. Por ser menor de edad, su identidad y situación actual están protegidas por ley.

Tras el fallecimiento de Agustín, esta hermana menor recibió un permiso especial para salir durante unos días y atravesar el duelo.

Lo que se dijo y lo que no se quiso escuchar

El vivo realizado por Noticias del Interior con familiares permitió conocer algunas posturas sobre la vida de Agustín, pero también dejó en evidencia la distancia entre ese relato y lo que expresan personas que convivieron directamente con él.

Mientras algunos familiares negaron haber tenido conocimiento de abusos, otras fuentes —que compartieron hogar con Agustín durante años— aseguran lo contrario.

Cuando él se animó a contar lo que le hicieron, su familia no lo creyó. O no lo quiso escuchar. Yo estuve presente. Solo pido que no digan mi nombre, pero que no se siga tapando la verdad”.

El derecho a ser quien era

Agustín vivió una vida atravesada por el abandono, el rechazo institucional y el estigma. Pero también vivió con coraje. Nombrarse Agustín Alexi fue su manera de plantarse ante un mundo que muchas veces le dio la espalda.

Él pedía respeto. Que lo llamen Agustín. Que lo vean como él se sentía. Ese era su único pedido”, resumen quienes más lo quisieron.

Hoy, su historia emerge como un llamado urgente a la memoria, al respeto y a la dignidad de quienes viven en los márgenes del sistema. No se trata solo de contar lo que vivió, sino de garantizar que nadie más tenga que morir sin haber sido escuchado.