Lo que había comenzado como una mañana habitual en el barrio 200 Viviendas de Famaillá terminó convertido en una tragedia. Un incendio originado en un depósito de garrafas arrasó por completo con dos viviendas colindantes, dejó a dos familias sin hogar y reavivó los reclamos vecinales por la presunta irregularidad del lugar, que según denuncian funcionaba en una zona residencial.
El fuego se desató en horas de la mañana y se propagó con rapidez. Vecinos relataron que las explosiones fueron sucesivas, con garrafas que salían despedidas mientras las llamas avanzaban sobre las casas linderas. La escena generó momentos de pánico, obligando a evacuar de urgencia a quienes se encontraban en el sector.
Víctor Salinas recordó que, pasadas las 10, la familia estaba despierta y preparando el almuerzo. En la vivienda se encontraban su abuela Gladys Villafañe, propietaria de una de las casas destruidas, junto a su madre, una tía y tres hermanos menores; en el fondo del terreno, su cuñada con tres niños pequeños.
La situación se volvió crítica cuando, tras un estruendo seco, comenzaron las explosiones. Erika Ibarra, que había regresado minutos antes del centro, relató que mientras lavaba los platos “las paredes de su casa empezaron a ceder” y que “las garrafas del depósito lindante comenzaron a volar en el aire y a explotar”. Con sus hijos durmiendo en la habitación, escapó por el fondo hacia la casa de vecinos para ponerse a salvo.
Deolinda Salinas, hija de Gladys, describió el caos del momento: “Se sintió una sola explosión y mi mamá salió con los chicos”. En medio de la huida, una de las mujeres de la familia cayó al suelo y sufrió lesiones. “Mi hermana, en la desesperación, cayó y se quebró dos costillas; ahora está hospitalizada con un golpe en el abdomen”, explicó.
Además del impacto material y emocional, los damnificados señalaron que el hecho no fue inesperado. Aseguran que habían advertido reiteradamente sobre el fuerte olor a gas y el riesgo que implicaba la cercanía del depósito. “Nos cansamos de reclamar y nos decían que no era nada. No puede ser que haya un local que vende gas a la par de una casa”, cuestionó Deolinda.
Las llamas consumieron años de esfuerzo: muebles, recuerdos familiares, pertenencias y hasta animales. Se trataba, según relataron, de los bienes que el esposo de Gladys había dejado antes de fallecer hace siete años. “Quedamos destrozados, ¡se quemó todo! Queremos que los responsables den la cara, que alguien nos dé una solución porque no es justo vivir así por causa de alguien más”, expresó.
La reconstrucción de los testimonios y las citas textuales corresponden a información publicada por La Gaceta.
