Cada 8 de enero, miles de fieles en distintos puntos del país renuevan su devoción por el Gauchito Gil, una de las figuras más emblemáticas de la religiosidad popular argentina. La fecha recuerda el fallecimiento de Antonio Mamerto Gil Núñez, ocurrido hacia 1878, y se ha convertido en una de las manifestaciones de fe más extendidas y persistentes del patrimonio cultural intangible del país.
Aunque no reconocido oficialmente por la Iglesia Católica, el culto al Gauchito Gil convoca multitudes y trasciende fronteras. Existen expresiones de devoción registradas en países vecinos como Brasil y Ecuador, lo que da cuenta de un fenómeno que dejó de ser estrictamente local para adquirir una dimensión continental.
Una figura nacida de la historia y la leyenda
Según explicaciones del antropólogo José Humberto Miceli, integrante del Gabinete de Investigaciones Antropológicas de Corrientes, el culto comenzó a consolidarse entre 1922 y 1925, a partir de la transmisión oral que transformó a Gil Núñez en una figura épica. Su historia se sitúa en la Corrientes posterior a la Guerra de la Triple Alianza, marcada por profundas disputas políticas entre autonomistas y liberales.
En ese contexto, el Gauchito Gil aparece atravesado por una grieta histórica: para algunos fue un delincuente; para otros, un justiciero que se enfrentó a los poderes terratenientes de la época y defendió a los sectores más vulnerables. La leyenda incluye sueños premonitorios, la deserción de las tropas, la persecución y una muerte injusta, además de una serie de milagros atribuidos a su intervención, como sanaciones, hallazgos y prosperidad.
“Los cultores no necesitan que el Papa lo santifique”, sostuvo Miceli, al destacar que la fuerza de esta devoción reside en el pacto simbólico y mágico-religioso que los fieles establecen con la figura del Gauchito Gil, una relación que se renueva año tras año.
Ritos, símbolos y celebraciones
La devoción se expresa a través de velas, cintas rojas, promesas, peregrinaciones y ofrendas —vino, comida, cigarrillos— que se multiplican especialmente en rutas y zonas rurales. El color rojo, asociado a su pañuelo, domina la iconografía de los altares.
Cada 8 de enero, la celebración combina lo sagrado con lo festivo: misas, procesiones y peregrinaciones convierten la fecha en una de las expresiones más vivas de la cultura popular argentina.
Un altar en el sur tucumano
La imagen que acompaña esta nota se encuentra en la jurisdicción de la comuna de El Sacrificio, departamento La Cocha, al norte del río San Ignacio, sobre Ruta Nacional 38.

